Dani Palazón Carbonell
Foto & Vídeo
Desde niño sentí la necesidad de contar historias. No importaba el medio: una cámara, un dibujo, una canción mal cantada. Siempre hubo algo dentro que pedía salir.
Crecí entre la luz desbordante del Mar Menor y los reflejos de las salinas de San Pedro del Pinatar. Allí aprendí a mirar. El sol, persistente y generoso, fue mi primer maestro: me enseñó a entender el color, las sombras, el tiempo. Por eso la luz —esa que lo baña todo— es siempre protagonista en mi trabajo.
Años después, llegar a la Ribera del Duero fue como aprender un nuevo idioma. Sus inviernos largos, sus verdes desaturados, sus tierras ocres… me abrieron la mirada hacia una belleza más contenida, más sutil. Aprendí a combinar tonos y emociones: la melancolía del frío con el calor del sol murciano, el amarillo del limón con el tinto del vino.
De ese cruce nace mi estilo: una mezcla de luz, memoria y contraste. Un lenguaje visual que habla del mar, del sol y del vino.
Y sí, dicen que bailo maravillosamente bien. Verme mover mientras hago fotos es parte del espectáculo.